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¿Es lo mismo comer fruta que fructosa?

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¿Cuántos pensáis que la fruta y la fructosa son lo mismo? De forma natural algunos alimentos tienen en su composición azúcares simples, como es el caso de la fruta, que posee cantidades variables de fructosa, pero esto no quiere decir que comer fruta sea lo mismo que beberse un refresco.

¿Cuál es la diferencia entre un ‘refresco o bollito con fructosa’ y una ‘pieza de fruta’?

Simple, nuestro organismo no lo va a absorber ni utilizar de la misma forma.

La fructosa se metaboliza a nivel hepático, siendo en grandes cantidades perjudicial para nuestra salud y asociándose a un mayor riesgo de depósitos de grasa en el hígado y desarrollo de sobrepeso y obesidad.

¿Por qué no debe preocuparnos que la fructosa esté presente de forma natural en la fruta?

Porque la fruta no es solo fructosa, sino que también nos aporta fibra, vitaminas y fitonutrientes muy beneficiosos para nuestro organismo con una gran función antioxidante. De este modo la glucemia tras su ingesta no se eleva de forma brusca como sí ocurriría en el resto de procesados a los que se les ha añadido la fructosa industrialmente.

Recordad que el problema con la fruta está en que la mayoría de las personas no llegan a su ración de consumo recomendado (al menos 3 al día), y que su ingesta se asocia a una menor mortalidad y desarrollo de patologías.

Por lo tanto, cuando veamos en la lista de ingredientes de un alimento procesado la palabra fructosa, aunque sea un “azúcar natural” evita comprarlo ya que su efecto sí es dañino para nuestro organismo y no tiene nada que ver con lo que causaría en nosotros el consumo de una pieza de fruta.

¿Quieres aprender a llevar una alimentación más saludable? ¡Tenemos mucho más para enseñarte!

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    5 errores frecuentes con la alimentación (saludable) de los niños

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    ¿A cuántos padres no les ha traído alguna vez de cabeza la alimentación de sus hijos? Lograr que los peques de la casa se interesen por llevar una alimentación más saludable es mucho más fácil cuando se les escucha e involucra en el acto de la cocina y elección de alimentos.

    Educar a los hijos en la adquisición de hábitos beneficiosos para su salud puede llevarnos tiempo, no es algo que ocurra de la noche a la mañana, pero desde luego no es imposible. Hoy os traemos los principales errores que debemos evitar cuando queremos mejorar los hábitos dietéticos de los niños.

    5 ERRORES A EVITAR PARA LOGRAR QUE LOS NIÑOS/NIÑAS COMAN SANO

    Error 1: no permitir que elijan qué comer.

    Es fundamental que los pequeños tengan capacidad de decisión, ¿a quién no le gusta que cuenten con su opinión? Sobre todo si vas a ser después el responsable de comer el plato. Estoy segura de que a ninguno de los aquí presentes les haría especial ilusión que en un restaurante no le dejasen escoger qué va a comer.

    Esto no quiere decir que el plato tenga siempre lo que ellos quieran, pero si podemos permitirles cierto margen para decidir entre distintas verduras, frutas o preparaciones. A todos nos gusta que nos tengan en cuenta.

    Error 2: merendar, desayunar y hasta comer con ultraprocesados.

    La base de la alimentación de un niño no tiene porque diferir tanto con la de un adulto. Son muchos los padres que “cuidan su propia dieta” pero al niño les ofrecen bollitos en el desayuno, galletas en la merienda y pizza en las comidas con la excusa de que “son niños”. Precisamente, son niños, están creando hábitos y lo que menos nos interesa es que ya empiecen a adaptarse a todos esos sabores hiperpalatables, a consumir muchísimas calorías y que además dichas calorías provengan de alimentos con pocos nutrientes. Cuidemos de los niños y evitemos el consumo de procesados de mala calidad nutricional.

    Error 3: castigo o premio por comida.

    ¿A quién no lo han premiado de pequeño con una chuche por portarse bien o lo han castigado con el mismo plato en la cena porque no se lo quiso acabar en la comida? Esta clase de comportamientos puede ayudar a que los pequeños asocien los premios con la comida poco saludable y los castigos con comer verduras, lo que a largo plazo puede crear aversiones por ciertas comidas. Nuestro objetivo no es que se acaben el plato todos los días si ellos no quieren, un adulto no tiene el mismo apetito todos los días, por lo que un niño tampoco lo tendrá, lo importante es que tenga una relación saludable con la comida.

    Error 4: No implicar a los niños en la cocina o en la compra.

    Que los peques tomen partido en la compra y la elaboración de los platos despierta su interés por distintos alimentos, haciéndolos más receptivos a probar las distintas preparaciones en las que ellos han participado.

    Error 5: No practicar con el ejemplo.

    La famosa frase “Consejos vendo que para mí no tengo” no nos vale. ¿Cómo vamos a pretender que nuestro hijo coma verduras si en la mesa ve que es el único que las tiene que comer?. Los pequeños se fijan en todo, si queremos que tengan una relación saludable con la comida debemos empezar por tenerla nosotros.

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      Beneficios de comer con calma

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      Todos hemos visto alguien comer demasiado rápido, como si se acabase el mundo y llegase tarde para verlo. Comer es un acto vital para el ser humano, nuestros antepasados ante circunstancias de peligro podían tener la necesidad de comer rápido, pero eso no se aplica a nuestra sociedad actual. Dedicarle al menos 20 minutos a la comida y la cena tiene múltiples beneficios, como por ejemplo:

      • mejorar las digestiones,
      • saborear realmente los alimentos o
      • sentir mejor la saciedad.

      Cuando hablamos de comer despacio no nos referimos a pasar toda la mañana delante del plato remoloneando, sino a comer sosegadamente, masticando bien los alimentos durante un periodo de al menos 20 minutos. ¿Por qué 20 minutos? Es lo que nuestro cerebro necesita para recibir las señales hormonales y nerviosas que nos indican que ya estamos saciados. Si devoramos nuestro plato en 5’ es muy probable que nuestro cuerpo nos siga pidiendo aún más comida a pesar de haber cubierto sus necesidades, ya que la señal de saciedad no se percibe con la misma intensidad. Esto puede hacer que a la larga haya un aumento de peso indeseado.

      Además, cuando comemos rápido a nuestro cuerpo le cuesta más digerir esos alimentos. El proceso de la digestión comienza en la boca, donde masticamos los alimentos y además tenemos enzimas que se encargan de ir digiriéndolos. Si comemos rápido, muy difícilmente vamos a masticarlos y digerirlos con adecuadamente, dando como resultado hinchazón y malestar digestivo, ya que cuando masticamos poco estamos obligando al resto del tubo digestivo a trabajar el doble.

      ¿CÓMO PODEMOS COMER CON MÁS CALMA?

      • Guardando un tiempo específico para ello. Nada de comer en la oficina mientras estamos trabajando.
      • Evitar distracciones como la televisión o el teléfono móvil. Si no dedicamos unos minutos de consciencia al acto de comer y nos distraemos con estos aparatos, será muy fácil que sin darnos cuenta comamos más de la cuenta y mucho más rápido.
      • Posar los cubiertos en la mesa mientras masticamos, para evitar llenar la boca con el siguiente pedazo antes de haber tragado el anterior.

      Además debemos resaltar lo más importante, si comemos rápido y agobiados es muy difícil que disfrutemos del plato. ¿No creéis que dedicar unos minutos de consciencia merece la pena?

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        ¿Es más saludable la dieta sin gluten?

        ¿Es más saludable la dieta sin gluten?

        Seguro que muchos de vosotros habréis escuchado los múltiples beneficios que tiene la eliminación del gluten de la dieta: mejora de la salud, pérdida de peso, digestiones más ligeras… ¿Es esto cierto? La verdad es que no, salvo que nos hayan pautado una dieta sin gluten por motivos médicos (celiaquía, sensibilidad al gluten no celíaca…) no hay necesidad de eliminar el gluten de nuestro menú.

        Tomar la decisión de comer sin gluten no te va a hacer más saludable y por supuesto, tampoco te va a hacer adelgazar.

        ¿Qué es el gluten?

        Es una proteína que se encuentra en algunos cereales (trigo, cebada, centeno, espelta, escanda, kamut, triticale, bulgur y farro). Cuando presentamos un problema derivado de su consumo, su eliminación de la dieta favorece la recuperación del organismo y el mantenimiento de un estado óptimo de salud.

        ¿Pero qué ocurre cuando el gluten no nos sienta mal?

        Fácil, su consumo no nos va a repercutir en absolutamente nada. En resumen podemos dormir tranquilos comiendo con gluten si nuestro organismo no reacciona ante su presencia en la dieta. Tampoco nos va a hacer perder peso ni va a hacer que nuestra salud mejore, ya que esta proteína no lo estaría dañando.

        ¿Son más saludables los productos procesados sin gluten?

        Para que un determinado procesado sea saludable debemos tener en cuenta varios factores:

        • Evitaremos aceites refinados de mala calidad.
        • Evitaremos los azucares añadidos.
        • Evitaremos las harinas refinadas.
        • Evitaremos la sal en exceso.

        En los lineales del supermercado podemos encontrar muchísimos productos sin gluten, cereales, galletas, chucherías… ¿Son saludables? Teniendo en cuenta los puntos que mencionamos anteriormente la respuesta es simple: NO.

        Que algún alimento no tenga gluten no lo hace libre de otros compuestos que si perjudican a nuestra salud. Por ello, si toleramos bien esta proteína, más que fijarnos en el sello “sin gluten” debemos prestar atención a la lista de ingredientes para realizar una compra de calidad.

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          HABLEMOS DE LAS GRASAS: GRASAS POLIINSATURADAS (PARTE IV)

          Tras nuestro post sobre las grasas monoinsaturadas, ahora les toca el turno a sus compañeras de grupo, las grasas poliinsaturadas, famosas por encontrarse tanto en productos de origen vegetal, como los frutos secos, como en los de origen animal, como los pescados azules. Si te interesa, no dejes de leer.

          Existen muchos alimentos ricos en ácidos grasos poliinsaturados, pero no todos ellos tienen el mismo impacto en nuestra salud. Dentro de las grasas poliinsaturadas encontramos dos tipos de ácidos grasos mundialmente conocidos: el Omega 3 y el Omega 6, dos tipos de ácidos grasos esenciales que nuestro organismo necesita ingerir para mantener un buen estado de salud.

          ¿Qué es el Omega 3?

          Los principales ácidos grasos Omega 3 son tres:

          • el ácido linolénico (ALA),
          • el eicosapentaenoico (EPA) y
          • el docosahexaenoico (DHA).
          Su aporte a través de la dieta nos ayuda a reducir la inflamación y a mantener un correcto funcionamiento del organismo en general, encontrándose beneficios tanto en nuestro sistema nervioso, como a nivel cardiovascular e inmunológico.

          ¿Qué es el Omega 6?

          Los Omega 6, son derivados del ácido linoleico, necesarios también para un correcto funcionamiento del organismo, pero que en exceso favorecen los procesos inflamatorios.

          Por ello es necesario que exista una correcta proporción de estos dos tipos de ácidos grasos para poder mantener una salud de hierro. Se estima que el ratio de aporte de Omega 6 / Omega 3 debería encontrarse en torno a 1:1 o 4:1 ¿Cuál es la realidad? Pues que el consumo medio se encuentra en torno al 10:1 o incluso el 20:1. Esta descompensación entre el aporte de Omega 6 y 3 favorece la inflamación y el deterioro general de nuestra salud, por ello debemos recuperar el equilibrio entre ambos ¿Cómo lo conseguimos? Reduciendo fundamentalmente el aporte de procesados ricos en aceites vegetales refinados de mala calidad, evitando las frituras con este tipo de aceites y consumiendo alimentos ricos en omega 3 como los que os indicamos en la tabla inferior.

          ¿Dónde encontrar el Omega 3 y el Omega 6?

          Omega 3   Omega 6
          Frutos secos: especialmente las nueces Aceites vegetales refinados (girasol, maíz, soja…)
          Pescados azules Frutos secos
          Semillas de lino y chía Semillas y aceites de semillas
          Pipas de calabaza

          En nuestro próximo post hablaremos sobre el último tipo de grasas que nos quedan por explicar, las trans ¿Estáis preparados?

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            Hablemos de las grasas: grasas monoinsaturadas (parte III)

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            Siguiendo nuestro trayecto por el mundo de las grasas nos toca adentrarnos en el mundo de las grasas insaturadas, las cuales se dividen en dos subtipos:

            a) las grasas poliinsaturadas y

            b) las monoinsaturadas.

            Hoy vamos a hablar de estas últimas, así que, si te interesa, continua leyendo.

            Existen muchos tipos de ácidos grasos monoinsaturados, el más famoso de ellos, el ácido oleico, presente en nuestro tan apreciado aceite de oliva, pertenece a este grupo de lípidos tan beneficiosos para nuestra salud.

            ¿ÁCIDOS GRASOS MONOINSATURADOS: DÓNDE ENCONTRARLOS?

            Estas grasas proceden principalmente de alimentos vegetales tales como:

            • El aguacate.
            • La aceituna.
            • Las almendras.
            • Aceite de Oliva.
            • Aceite de Aguacate.

            BENEFICIOS DEL CONSUMO DE GRASAS MONOINSATURADAS

            Entre los múltiples beneficios que se han encontrado en las dietas con un alto contenido en este tipo de grasas encontramos:

            1) Disminución del riesgo cardiovascular

            Las grasas monoinsaturadas ayudan a reducir el riesgo de padecer problemas cardiovasculares, favoreciendo la disminución del colesterol LDL (“colesterol malo”) y aumentando el HDL (“colesterol bueno”).

            Además se ha observado que los fitoesteroles presentes por ejemplo en el aceite de oliva ayudan a reducir la absorción intestinal del colesterol.

            2) Mejora de la sensibilidad a la insulina

            La insulina es la hormona encargada de controlar los niveles de glucosa en sangre, se ha observado que las dietas ricas en grasa monoinsaturada ayudan a mejorar el control de la glucosa y la sensibilidad la insulina, favoreciendo en definitica un mayor control de la glucemia.

            3) Reducción de la inflamación

            Varios estudios han encontrado relación entre el consumo de aceite de oliva y la disminución de los marcadores inflamatorios (PCR, IL-6 o TNF-α) en sangre.

            A pesar de sus beneficios, debemos puntualizar que no basta con incluir los alimentos ricos en grasas monoinsaturadas en nuestra dieta para estar saludables. Para lograr una mejora de nuestra salud debemos evitar todos aquellos productos ricos en grasas de mala calidad y azúcares. De nada poco vale incluir aceite de oliva en nuestra comida si la cena consiste en una pizza precocinada y la merienda un bollito de chocolate repleto de azúcar y grasas trans, de la que hablaremos próximamente.

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              Hablemos de las grasas: grasas saturadas (parte II)

              En un post anterior hablamos de las grasas explicando el motivo por el cual son necesarias en nuestro organismo, pero también puntualizamos que no todas las grasas tienen el mismo impacto en nuestra salud. No es lo mismo consumir aceite de oliva que un precocinado lleno de grasas trans.

              Hoy os vamos a hablar de las grasas saturadas, lípidos que están presentes, fundamentalmente, en productos de origen animal (carne, huevos, lácteos) pero también podemos encontrarnos con ellos en aceites vegetales como el de palma o el de coco.

              Si os pregunto si este tipo de grasas son malas, probablemente reciba como respuesta un SI de forma unánime, pero la realidad es que depende. Existen muchos tipos de ácidos grasos saturados y no todos ellos tienen el mismo impacto en nuestra salud. Se ha comprobado que en esto influye directamente la longitud de la cadena de ácidos grasos. Para explicarlo de una forma sencilla, digamos que podemos pensar en las grasas saturadas como si fuesen un collar de cuentas, a mayor longitud, mayor es el efecto negativo sobre nuestra salud cardiovascular, y viceversa, los ácidos grasos saturados de cadenas más cortas tienen un impacto mucho menor en nuestros niveles de colesterol sanguíneo.

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              HABLEMOS DE LAS GRASAS (parte I)

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              Cuando vamos a un supermercado podemos llenar nuestro carrito con productos ricos en grasa saludable (aguacate, frutos secos, aceite de oliva…), o con productos repletos de grasas perjudiciales (galletas, bollitos, comida precocinada…). La elección siempre es nuestra, por ello, cuando queremos cuidar nuestra alimentación, es imprescindible saber diferenciar las grasas de buena calidad de aquellas que son perjudiciales y dañinas para nuestra tan preciada salud.

              La grasa es un macronutriente esencial para nuestro organismo, nos aporta parte de la energía que nos ayuda a cubrir nuestros requerimientos diarios, y además, en ella encontramos vitaminas (A, D, K y E) y ácidos grasos esenciales que debemos incluir en nuestra alimentación para mantener nuestra salud en plena forma y evitar los estados carenciales.

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              Motivos para reducir el consumo de azúcar de nuestra dieta

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              No es algo novedoso que escuchemos esta frase “el azúcar es malísimo deberías evitarlo en tu dieta” o “no comas esa galleta, está repleta de azúcar”… Todos hemos interiorizado que el azúcar es malo, pero realmente ¿sabes por qué lo es?. ¿Tienes claro el motivo por el que no debemos abusar de él?

              Cuando hablamos de evitar el azúcar, nos referimos siempre al azúcar libre o añadido, nunca nos estamos refiriendo a los azúcares presentes de forma natural en alimentos como la fruta (fructosa) o los lácteos (lactosa). Estos últimos forman parte de la matriz del alimento y no causan daños a nuestra salud, salvo en situaciones puntuales, como puede ser el caso de una persona que padece intolerancia a la lactosa y el consumo de productos lácteos le causa molestias digestivas, en este caso debemos seleccionar productos sin lactosa o evitar los lácteos.

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              Cómo cuidar nuestra dieta durante la desescalada

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              Ahora que empieza la desescalada y podemos empezar a salir, entre otras cosas, para hacer ejercicio o dar paseos, siguiendo las recomendaciones y las pautas dictadas, debemos prestar especial atención también a nuestra alimentación para estar saludables y poder retomar nuestra rutina diaria en las mejores condiciones.

              Durante el confinamiento hemos tenido la obligación de permanecer en casa, rompiendo nuestra rutina por un bien mayor, evitar la propagación del virus. Esto favoreció en muchas personas un aumento de la ansiedad, siendo la comida, sobre todo la ultraprocesada, de mala calidad nutricional, uno de los medios a los que más se recurrió.

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